Cuando la imaginación nos supera

Momoitio 5El pintor vasco Julián Momoitio, expone en la galería Sharon Art

LEÓN.- Marcelino Cuevas

«El hombre está más allá de las razas y de cualquier connotación circunstancial. Yo creo en el ser humano como ciudadano del mundo. Por eso en mis cuadros hay figuras de todas las razas, paisajes de los cinco continentes y de un sexto que vive en el interior de las personas. Lo importante de mi obra es el mensaje que transmita, la verdad de una mirada, el intento por revelar la lucha por la redención de cada individuo». Así es Julián Momoitio Larrinaga, un vasco universal que ha llevado su arte al mundo entero, especialmente a diversos países europeos y a los Estado Unidos, donde es un artista premiado y reconocido.

Momoitio llega a Sharon Art en el momento cumbre de su carrera. Ahora ya no tiene que calibrar cada pincelada para convertirla en el humilde estipendio que le sirva para cubrir sus necesidades vitales. Momoitio ya no pinta para vivir, «yo pinto para disfrutar, para encontrarme a mí mismo cada día». El pintor tiene un estudiado aire bohemio, con su enorme pipa siempre en la boca, pero sin humo. Ha convertido ese objeto personal en uno de los atributos de su figura, en uno de sus signos identificativos.

Los primeros cuadros datan de mediados de los años cincuenta y desde entonces no ha dejado descansar a su paleta. Sus exposiciones son innumerables, así como los premios que ha conseguido. También ha realizado importante obra pública, como los murales que decoran las calles de varias localidades del País Vasco.

Comenta el artista que ha pasado por muchas etapas diferentes. «Creo -dice- que con unas características bien definidas, he tenido en mi obra ocho etapas bien diferenciadas. La realista que comencé con catorce años. La neocubista, cuando descubrí a los genios de principios del siglo XX. La anónima, en la que no quería parecerme a nadie. La costumbrista, basada en las raíces de mi tierra. La romántica… y la actual, que es un compendio de todas ellas, pasada por el tamiz del tiempo».

En los cuadros de Momoitio hay un cúmulo generoso de técnicas, desde el collage hasta las más delicadas veladuras. En cada uno de sus cuadros hay un rincón dedicado a la abstracción, otro al retrato, incluso aparece casi siempre un bodegón integrado perfectamente en la composición. En cuanto a la temática, no hay duda de que Momoitio es un agudo testigo de su tiempo: revelador de injusticias, enaltecedor de aquellos que han luchado o luchan por la libertad, e incorregiblemente romántico.

María José Mas, escribe sobre la obra de este singular pintor vizcaíno: «Hablar de Momoitio en unos momentos en los que su fama trasciende nuestras fronteras, en unos momentos en los que las plumas más brillantes de las letras españolas han escrito sobre su pobra, y sobre su persona, es casi una pretensión por mi parte. Sin embargo, después de haber mantenido un cálido y enriquecedor diálogo, después de haber captado el inmenso mensaje humanístico que emana de su ser, no solamente es para mí un reto sino un necesidad. Momoitio es siempre él mismo, sin condicionantes, sin frenos, sin miedos, y esa fidelidad a su modo de ser hace que sienta por el artista un enorme respeto».

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