EXPOSICIÓN VIRTUAL OCTUBRE 2026

MOMOITIO — La figura humana y el color

En esta selección de obras, Julián Momoitio vuelve a situar a la figura humana en el centro de su universo pictórico, no como simple representación, sino como vehículo de memoria, emoción y experiencia. La persona aparece, desaparece, se fragmenta, se funde con el espacio y, en muchos casos, termina siendo casi inseparable de la materia pictórica que la rodea.

La exposición puede entenderse a través de tres grandes ámbitos que se entrecruzan constantemente: la humanidad y la memoria, el cuerpo y la emoción y, finalmente, la figura y el color.

Humanidad y memoria

En el primer grupo de obras, la mirada se dirige hacia escenas y personajes cargados de intimidad. La maternidad, la pobreza, el descanso, la melancolía o la presencia silenciosa de los otros construyen un relato profundamente humano.

Momoitio no parece interesado en describir una escena de manera literal. Lo que le importa es aquello que permanece después de mirarla: la sensación de fragilidad, de recuerdo, de ausencia o de cercanía. Sus figuras se presentan muchas veces como presencias suspendidas, envueltas por fondos que no funcionan únicamente como escenario, sino como una prolongación de su estado interior.

En estas piezas, la pintura adquiere una dimensión casi narrativa. Cada personaje parece arrastrar consigo una historia que no se explica por completo, y precisamente ahí reside buena parte de su fuerza: el espectador tiene que completar aquello que la imagen únicamente sugiere.

El cuerpo y la emoción

En un segundo ámbito, la figura humana se vuelve más directa. El cuerpo, especialmente el cuerpo femenino, adquiere protagonismo, pero nunca desde una visión puramente descriptiva.

La anatomía se transforma en gesto, movimiento y ritmo. En unas ocasiones aparece contenida; en otras, se descompone entre manchas, líneas y zonas de color. La figura deja entonces de ser únicamente una forma reconocible para convertirse en una estructura emocional.

En este conjunto, la pintura de Momoitio muestra una especial sensibilidad hacia la relación entre cuerpo y espacio. Las figuras no se colocan simplemente delante de un fondo: parecen surgir de él. La materia pictórica las envuelve, las atraviesa y, en determinados momentos, amenaza incluso con disolverlas.

Esa tensión entre presencia y desaparición aporta a estas obras una cualidad muy particular. El espectador reconoce el cuerpo, pero al mismo tiempo percibe que la imagen está construida desde una libertad plástica que va mucho más allá de la representación.

Figura y color

El tercer ámbito es quizá donde mejor se percibe la estrecha relación entre figuración y lenguaje plástico.

Aquí el color adquiere una autonomía creciente. Azules, rojos, blancos, tierras y negros no se limitan a describir objetos o vestimentas: construyen atmósferas, organizan la composición y determinan el tono emocional de cada obra.

La figura humana continúa presente, pero en ocasiones se encuentra casi absorbida por el color. El rostro, el cuerpo o la silueta conviven con manchas y zonas abstractas hasta formar una única realidad pictórica.

Esta integración constituye uno de los aspectos más interesantes de la obra de Momoitio. La pintura mantiene una referencia reconocible al mundo, pero nunca queda sometida a él. El artista permite que la materia, el color y el gesto adquieran vida propia.

Por eso sus composiciones pueden contemplarse simultáneamente desde dos distancias: de lejos aparece la escena, la figura o el personaje; de cerca, la mirada descubre texturas, superposiciones, transparencias y pequeños acontecimientos cromáticos que poseen su propia autonomía.

La sensibilidad plástica

Más allá de los temas representados, existe un elemento que atraviesa toda esta selección: una marcada sensibilidad plástica.

Momoitio trabaja la superficie como un espacio de encuentro entre lo reconocible y lo intuitivo. Hay zonas cuidadosamente definidas junto a otras apenas insinuadas; formas rotundas junto a transparencias; áreas de gran intensidad cromática junto a espacios silenciosos.

Ese equilibrio evita que la obra quede encerrada en un único lenguaje. La figuración nunca es completamente académica y la abstracción nunca llega a borrar del todo la presencia humana.

El resultado es una pintura en la que la emoción no depende únicamente del tema, sino de la propia construcción visual: de cómo un rojo aparece junto a un gris, de cómo una figura se recorta o se desvanece, de cómo una línea interrumpe una superficie o de cómo una zona vacía consigue tener tanto peso como una figura.

En ese territorio intermedio reside buena parte de la personalidad de Momoitio.

La figura humana y el color reúne así veintiséis obras que permiten recorrer algunos de los rasgos esenciales de su pintura: la atención al ser humano, la memoria, la emoción, el cuerpo y, sobre todo, una manera profundamente personal de entender el color como lenguaje.

Más que representar figuras, Momoitio parece utilizarlas como punto de partida para hablar de aquello que resulta más difícil de representar: la fragilidad, el recuerdo, la soledad, el afecto y la condición humana.

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